La donna è mobile![]() "Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino |
Ese dedo...El buenismo está muy mal entendido. Suele asociarse, a pie de pista y desde capas a las que difícilmente se les podría imaginar tan torpes, con la idiotez. Incluso con la incapacidad para solucionar conflictos cotidianos, con la imposibilidad de resolver, de pelear. Como si las buenas personas no tuvieran los pies en el suelo, o no hubiesen tenido días de veinticuatro horas como todo el mundo, llenos de problemas, de dudas, de abusos, de discordia, de ignominiosos formularios administrativos. Llenos de realidad. En cuanto alguien te ve poner la otra mejilla, ya está, eres tonto. Te estás dejando. Te van a pisar y como no sabes defenderte, que no eres capaz de darte dos golpes bien dados en el pecho y lanzarte al cuello, pues eso, que al hoyo, que reces lo que sepas. Si no te sabes tirar contra la otra persona, si no lo corneas como él te cornea, mucho me temo que la vida te pasará factura. Cuando no te acabará pasando por encima. Tienes un problema, aunque tú no lo sepas (!!!!!). El error es de base. No se trata de no “saberse tirar”, se trata de no “quererse tirar”. Es una actitud. Los buenos, los malos, los buenos con los buenos, los malos con los malos, todos tenemos que enfrentarnos diariamente. Nos mezclamos, luego entramos en colisión de intereses y estos, nos hacen sacar nuestras mejores armas para defenderlos. Pero sucede que tener que sacar nuestras mejores armas no es algo que sepa hacer todo el mundo. Yo misma estoy dispuesta a perder (y pierdo) si peleo contra alguien que efectivamente, me saque sus mejores armas. Limpiamente. Sin golpes bajos. En cuanto me plantan cara de cualquier manera, a guarrada descubierta, blandiendo el insulto gratuito, o la descalificación o la trampa. Cuidado. Yo así no me pongo. Así no se puede contar conmigo. Y llámame gilipollas si te place, o lela, o melón de alberca. Hay alturas a las que no quiero ponerme ni aunque me lo recomiende el médico. Por otro lado poner la otra mejilla suele parecer un signo de debilidad. Deslucido. Devoto. Anticuado. Pero ojo con el que te pone la mejilla porque de él es el reino del revés. Dale información, saca tus cartas, golpea primero y después ponte ahí que el bueno de turno hará lo que tenga que hacer, igual de bien que lo puedas hacer tú, enfurecido torito, pero sin despeinarse. Con una sonrisa en los labios. El bueno de turno, al que por su actitud tú tomarás por idiota, valorará si es una guerra lo suficientemente importante como para ponerse, o si por el contrario, se trata de una batalla que pueda permitirse perder. Cree que la victoria está en saber elegir las peleas tanto como en ganarlas. No es broma. Todavía quedan infelices que piensan que vivir por, para y desde el respeto, es algo que separa a las personas. Y así les pasan los días sin importarle lo más mínimo cierta forma de saldar conflictos, violentos, con los que no comulgan ni tienen ni tendrán nada que ver. Porque para ellos, quizá una de las cosas más importante sea que no siempre hace falta cornearse para enfrentarse. No siempre es preciso acabar en las manos, o en las tortas, o en los insultos. O en el caos. Y no todo el mundo elige opciones como éstas para seguir sacando la cabeza. Menos todavía cuando el rival es alguien a quien quieren. O han querido. Por todo esto y por algunas más, la próxima vez que te halles en presencia de aquéllos que levantando una ceja proclamen, se llenen la boca y confíen en asociaciones tales como buenos con gilipollas, sonríe. Y saca las pipas. Estarás a punto de ver algo grande. Lunes, 06 de Agosto de 2007 19:45. Comentarios » Ir a formularioAutor: La donna è mobile Esto para los que se meten con los buenos, per se, sin pensárselo dos veces esperando que sean gilipollas. Pero aún puede ser peor. El bueno puede ser tonto, claro que sí, y entonces es doblemente infame cornearle, aplastarle, darle matarile. Lluvias y más lluvias de suspensorios húmedos para todos los toritos enfurecidos aplasta-voluntades, absurdos, desalmados, malos malotes, merluzos, móngols, mérluzs, famas, despiadados y ya que estamos en el sub-mundo de los incomprensibles, lluvias y más lluvias de suspensorios húmedos para los celosos (no sé si fue Benavente el que dijo que el que era celoso no necesitaba pruebas para estarlo, que con lo que se imaginaba ya tenía bastante), los violentos, los abusicas, los desconfiados, los irrespetuosos y qué sé yo de arañas patonas que circulan por esos mundos de Dios. Amén. Fecha: 06/08/2007 20:36. Autor: La donna è mobile Inseguros, inestables, ciclotímicos, endiosados, abominables repelentes y todos esos que de repente, sin venir a cuento y dejándote de piedra, te vienen con algo que parece mentira pueda llegar a salir por esa boca. Que les den. Y que exploten mirando hacia otro lado. Fecha: 06/08/2007 20:39. Autor: Ardi :-) Por un lado, comparto plenamente. Por otro... cuántas veces he visto, y veré, a alguien comentar así de alguien... por el que dos días después se derrite... Cosas veredes. Y que me aspen si entiendo la naturaleza humana. En todos sentidos y direcciones. Fecha: 07/08/2007 08:42. Autor: La donna è mobile Ardi, :-) no. Lógicamente a mí me puedes intentar poner la pierna encima UNA VEZ. Estarías, tú, quien fuera, en su derecho de hombre de tener hijos, pero ¿dos? ¿Derretirme por alguien que mi cabeza me dicta, es perjudicial para mí? Me saco el corazón y lo tiro al fondo del ropero. Y si lo sigo oyendo, me voy de casa. Vamos... En un capítulo de Sex in the City, Samantha habla con Carrie sobre la supuesta frialdad de sus relaciones sexuales con el escritor, cuyo nombre no recuerdo. Y le dice una de esas frases que no se te olvidan: "Querida, si la primera vez que te metes en la cama con un hombre el sexo no funciona, es culpa suya. La segunda... es culpa tuya." Fecha: 07/08/2007 10:24.
Me ha gustado mucho este post, porque recientemente mi pareja hizo algo que no me sentó nada bien. Tras largas conversaciones para arreglar el tema, él me decía que lo que yo necesitaba era vengarme para resarcirme, es decir, imitar su actitud y atacarle. Y no entendía que la venganza muchas veces te hace sentir todavía peor. Fecha: 03/09/2007 17:06. |
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